“Y hasta aquí puedo leer”: Pablo Martín Sánchez y los juegos de la ficción

Pablo Martín Sánchez © Pier­luigi Greco, 2012

Pablo Martín Sánchez © Pier­luigi Greco, 2012

Me encuen­tro con Pablo Mar­tín Sán­chez (Tarra­gona, 1977) una desa­pa­ci­ble tarde de invierno en Lava­piés. El bar donde había­mos que­dado está cerrado, así que des­pués de dudar un momento entra­mos en el Café Bar­bieri. El obje­tivo de este encuen­tro es char­lar acerca de la novela que Pablo publicó a fina­les del año pasado, cuando pare­cía que estaba todo el pes­cado ven­dido y, de manera ines­pe­rada, se coló en las lis­tas de lo mejor del año. El anar­quista que se lla­maba como yo (Acan­ti­lado, 2012) es una absor­bente narra­ción (614 pági­nas) que trata, como su nom­bre indica, de un joven lla­mado Pablo Mar­tín Sán­chez que fue con­de­nado al garrote vil en 1924, des­pués de verse impli­cado en una inten­tona algo qui­jo­tesca con­tra la dic­ta­dura de Primo de Rivera. Afirma el autor que se topó con su homó­nimo de casua­li­dad, y que de la inves­ti­ga­ción acerca de su vida y de las cir­cuns­tan­cias de su con­dena sur­gió esta novela que ha reque­rido tra­bajo de campo, inves­ti­ga­ción heme­ro­grá­fica y, sobre todo, un pulso narra­tivo a prueba de bom­bas. Siem­pre al lado del pro­ta­go­nista, el lec­tor viaja a París, el Piri­neo vasco, Madrid o, incluso, Bue­nos Aires. El anar­quista… es un bil­dungs­ro­man pero tam­bién un ejer­ci­cio de inven­tiva lite­ra­ria mucho menos inocente de lo que parece a pri­mera vista.

Entrevista completa en Koult.es



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